viernes, 29 de abril de 2016

Theatron: fabricando cuerpos desde tiempos memorables


Dada en aquel momento esa oportunidad, tuve la "oportunidad" una vez más de volver al innombrable theatron. Como la mayoría de lectorxs bogotanxs deben saber, se trata de uno de los más reconocidos circos gay de Bogotá. Recuerdo mi primera vez llegando a ese lugar, tan realmente diferente para mí, no visitado se camuflaba de forma envidiable ante los virgenes ojos de un enclosetado.

Al haber escuchado anteriormente de este lugar, el que no pareciese un regio palacio resultaba extraño para mí. Recuerdo plenamente aquella imagen de sus paredes descoloridas, la frivolidad de la calle que lo rodeaba y la tan extraña gente, que tan ajena al momento y lugar, se desplazaba por las aceras. No me había acercado yo jamás a estos lugares de la Bogotá gay, menos a lo que parecía ser la embajada de lo más play y clichezudo de todas las localidades juntas.

Allí estaba yo, un primíparo con ciertos síntomas de subalternidad, de voz sin eco ni apariencia performartivamente adecuada ¿Cómo darse cuenta de todo ello? Musculosos con camisetas sin mangas, gringoletes con sus propios harems y lo más cercanos a mí -pero bien disfrazados- twinks, encontrados a la espera de su macho que reivindicase su papel de putos.

No quisiera venir acá a hacerles creer que siempre me sentí crítico o apático frente a todo esto -o más bien poco- que les he estado exponiendo. No es un secreto para nadie que al menos 1 de cada 3 maricones en Bogotá hemos disfrutado esas cortas pero sustanciosas horas de rumba. Sea ya por vernos saciados de tan grandiosa fuente de alcohol disponible hasta las 2:00 a.m ó para permitirse deleitar los ojos como en la más vulgar carnicería.

Entra aquí a jugar una vez más el alcohol dentro de mis relatos. Olvidar que todo no se puede es uno de mayores deleites, acabar sea momentáneamente con tan grandes penurias, pequeñas cosas que no permiten actuar como se quiere. es lo que más me ha permitido seguir enamorado.

jueves, 14 de abril de 2016

Introducción: Ya debería saber quién soy yo



¿Tener un secreto? ¡¿Cómo?! de ninguna manera! De hecho, ¿Qué puede ser en realidad terminar queriéndose guardar algo que puede llegar a notarse, y parecer tan evidente? La causa prima de querer identificarse y entenderse de esta manera nace con base a compararse, a parecerse y marcarse bajo estos signos, símbolos y tecnologías: Caminar, vestir, disfrutar, cagar y mear de alguna manera me reconocen tal vez como homosexual.

Vergas flácidas o erectas, con prepucio y poco pelo, y además, de tono algo pálido me he (o han) enseñado a aprender a preferir; ese inmutable y perverso sentido de la contaminación, que bien recuerdo se atribuía instintivamente surgir después de los 5 años se traslada a cada hijueputa respiro y lamida que pretende hacerse.

Que sí, “la loca de la teja corrida”, “la marica que no se le nota” -nótese aquí como logra verse más ofensivo escribiéndolo en femenino-, “el que se le seca la canoa al jartar” o el “cacorro que poco fastidia”; así me han calificado ¿Halago?¿Insulto? ¿Qué se supone que debo sentir a partir de estos tan interesantes calificativos de todos y todas las putas y putos que me han ido conociendo? Al principio, cuando quise ir contándoles de mi “condición”, no lo niego, me aliviaba. Era para mí todo un placer que me quisieran decir estas cosas, que aún se notase que yo era hombre no solo por ser peludo y pelotudo (no precisamente por tenerlas grandes, sino por
tenerlas). Deseaba que como el rector del Seminario me decía se tratase de sólo una etapa. Recuerdo bien el haber testeado algo poco de los placeres del sexo desde muy temprano, tocar, unir o juntar hacían parte de ese ritual y me resultaba interesante que siempre sintiese ganas de esa clase de cosas.

Y es que de eso se trata el querer ser para el homosexual por parte del moldeado heterosexual (sin querer enunciar que lo homosexual sea lo real y lo heterosexual lo generado o construido): “que haga lo que quiera con su culo, o con cualquier otro de sus huecos, pero que no se meta conmigo, ni con los chinos de la cuadra y por supuesto, que entre menos se le note, mejor”, o la más común inclusive en el planeta de las locas: “porque no hay nada más incómodo para mí, todo un hombre hecho y derecho que una loca reguerosa de plumas, o una hijueputa arepera con delirios de héroe de Marvel.”

Recuerdo entonces otra vez esa vida de maricón enclosetado. Las preguntas del o la con quien se tiene confianza (o un poco), tales como: ¿Cuándo te diste cuenta? ¿Te violaron de chiquito? ¿Qué no te gusta de las mujeres, el pan? ¿Alguna vez se ha querido vestir de vieja? Pónganle que al menos cada 15 días respondo una de estas, ¿Y cuál puede ser mi respuesta heteronormatizada para cada una? Siempre van cambiando. Si se responde tratando de hablar técnicamente: feminazi; si se intenta responder a lo típico con esa clásica respuesta de “desde muy pequeño”; “si, alguna vez”, ó “si, es asquerosa”, puede sentirse ese abominable remordimiento feminazista que tanto he sabido esculpir los últimos años.
Otra vez, resaltando que no es de ninguna manera intención para mí el alardear y el querer reconocerme como diferente y crítica. Mucho me falta para dejar de normalizar el acto sexual heterosexuado y su penetración y otras cosas como princesiar a la mocosa delicada.

Pues insisto, moldearse y encapricharse de esta manera dentro de lo que hemos aprendido enseñó como la "matriz heterosexual” no es nada sencillo, pero pueden buscarse buenas estrategias para llegar a salir del paso, o al menos, llegar a disfrutarlo de a poco más. Para mí, existe si y sólo si una grande respuesta; remedio o antídoto, como quieran llamarlo, y sí, es el
alcohol (si no lo adivinaron no me importa, creo que ya he construido fama de alcohólico).
Puede que sea mi cuerpo, pero hace las veces de popper, otra vez, puede que sea mi cuerpo, pero hace las veces de omnisexualizador, de suelta cuerpos y lenguas; es decir, malo y bueno a la vez ¿Por qué? Me constituye tal vez en ese marica que todos y todas quieren ver o al revés, nunca parece comportarme de la misma manera, ese hijuemadre me ha hecho soltárselo a depravados, bailar con floripondios, con flacas, reinas, gordas, enanas y elfos (por cierto, con soltarlo, me refería al
número de teléfono). ¡Qué aguante el que se gana uno por estas verdes praderas! O bueno, al menos creo eso me ha pasado.

Hasta ahora si no ha parecido nada difícil, pero vaya encaje usted en la tipica charla de envergados sobre fútbol español, o de donde sea, mirar al techo es la respuesta, y esperar a que el tema cambie por pornografía, que usted si algo habla de categorías de porno gay como si fueran de viejas: que el de la (el) rubia, el de todas las clases. ¿Cómo terminar encajando? Siendo heterosexual y racista (o bueno, pareciendo). El haber abandonado la religión de a paso me hace pensar a qué le agradezco y a qué le pido
perdón, siento pecado llegar a considerar fingir (o en realidad hacerlo) alguna de estas ideas, y es cuando tal vez me voy dando cuenta de este genial dispositivo del que puede llegar a constituirse como religión. Pero bueno, no hablaría nada más de este tema pues de labia soy muy poco, no la sé, no me sirve ni me sirven.